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Con mucha frecuencia me encuentro con pilotos, empresarios y ejecutivos de la aviación general que se lamentan por la falta de una organización civil que defienda los intereses de la aviación privada, corporativa y ejecutiva. La queja es recurrente: no hay un paladín que pare los abusos de las autoridades, o que atraiga su atención según otros, para que al menos hagan tantito caso a las particulares necesidades de este segmento de la aviación.

Es cierto, como por norma a la aviación privada casi siempre se le deja fuera de la agenda nacional relacionada con temas aeronáuticos. Parece que a todos se les olvida a la sombra de los asuntos de las aerolíneas, las terminales aéreas dedicadas a ellas o el sano negocio de maquilar componentes aeronáuticos; La Secretaria de Comunicaciones y Transportes, la Secretaria de Turismo, las de Economía y de Hacienda y hasta la Policia Federal siempre parecen no entender este tipo de aviación, por lo que poco o nada hacen por estimular y promover su desarrollo; por el contrario, desalientan con su actitud este tipo de actividad y hasta la satanizan, calificándola de "lujo de juniors " o "herramienta de narcos". 
¿Quieren una prueba? Nada más dense una vuelta por cualquier aeropuerto de México y vean la impresionante cantidad de aviones privados que están operando con matrícula norteamericana, los famosos "november", aviones que todos sabemos que son propiedad de mexicanos, pilotados por mexicanos, pero que han preferido volar con bandera extranjera porque, triste y vergonzosamente, al amparo de la nuestra todo es más difícil, caro e ineficiente. 

Pero lo que más me llama la atención es que sí existen organizaciones que pretenden cobijar a la aviación general y hacer oír su voz en los foros importantes de la industria, pero que por una u otra razón no lo logran del todo y dejan a la mayor parte de los usuarios y operadores de este tipo de aviación con el mal sabor de boca de sentirse completamente solos.

Un caso es la Cámara Nacional de Aerotransportes (CANAERO), que cuenta con un Grupo de Aviación Privada y en el que están afiliadas casi una veintena de empresas de aviación ejecutiva y helicópteros, entre ellas las más grandes del país, y sin embargo la percepción generalizada es que CANAERO no hace nada por la aviación privada. La verdad me parece que esta institución busca afiliar empresas de este sector para empoderarse más, presumiendo de poseer mayor representatividad, pero me consta que, de la mano de la Autoridad Aeronáutica, se les ha invitado varias veces a participar en foros y conferencias en ámbitos de aviación general y su participación (cuando la ha habido) ha sido a lo mucho pobre, mostrando un claro desinterés en este renglón. A la CANAERO quizá le absorben todas sus energías las vicisitudes de la aviación comercial, incluso algunos de sus integrantes de aerolínea han señalado que la agenda de la Cámara se reduce a intereses muy particulares (¿querrán decir los de AeroMéxico y sus cuates?), y por eso incluso Interjet se salió de ella.  Chismes a parte, por la razón que sea, CANAERO no cuaja como representante de la aviación general, y si de verdad quiere serlo debería echarle muchas más ganas...

Más acotada, especializada en el piloto propietario de su avión, el piloto privado, el de "avionetas" pues, existe la Federación Mexicana de Pilotos y Propietarios de Aeronaves AC (FEMPPA). Yo vi nacer esta organización hace unos 20 años y fui uno de sus miembros fundadores, pero su pujante y prometedor espíritu como que se ha ido desinflando y hoy carece de esa combatividad que en un principio logró muchos beneficios para los pilotos privados. 
En el presente FEMPPA ha perdido gran parte de su capacidad de convocatoria y ya no se habla de ella en el medio como un actor de peso. Si uno consulta su página web, que lleva más de un año sin actualizarse, parece más la de un pequeño despacho de gestoría que la de una Federación Nacional, y brillan por su ausencia planes de trabajo, metas concretas o divulgación de logros tangibles a favor de la aviación privada. Cosas que seguro atraerían a más pilotos a engrosar sus filas, y no digo que organizar "fly-ins" y carnes asadas no sea bueno, pero la FEMPPA se ha alejado mucho de los objetivos que impulsaron su creación. Entre los fines que aún enarbolan están en primer lugar, tal cual, "Representar a la totalidad de la aviación general en Mexico" y "Defender ante toda clase de autoridades civiles y militares, los intereses de sus asociados en relación con la práctica de actividades aeronáuticas". 

Aclaro que mi crítica a estas organizaciones, que en muchos frentes han hecho un gran trabajo, es con ánimo constructivo y lo que busco es reflexionar en el por qué no logramos en México, si tenemos entre la segunda y tercera aviación privada más grande del mundo, una fórmula que funcione para lograr los estímulos y condiciones que la hagan aún más grande y fuerte. 

Realmente lo necesitamos, padecemos los costos de infraestructura más caros y los trámites más engorrosos de toda la aviación privada  del mundo. De sobra está decir los enormes beneficios que la aviación general produce en cuanto a fuentes de trabajo, derrama turística, uso de infraestructuras e impulso a los negocios. Incluso aún me sorprende mucho que los políticos, legisladores, secretarios de Estado y hasta el Presidente se muestren tan ajenos a los problemas de la aviación privada, ¡cuando ellos mismos son usuarios frecuentes de ella!

Pero hubo un modelo que es referente obligado, la desaparecida Asociación de Taxis Aéreos y Aviones Ejecutivos de la República Mexicana AC (ATAAERMAC), que fuera del nombrecito funcionaba muy bien.
Nunca me quedó claro por qué desapareció, pero fui testigo del excelente trabajo que realizaba. En todas las instancias ATAAERMAC estaba presente haciendo sentir la importancia de la aviación general, y logró innumerables beneficios para toda la industria. Hoy se le extraña.

Un modelo así, especializado en su campo y no un apéndice de una organización con intereses más amplios, es quizá lo que se necesita en México. Y sí, no lo niego, ha habido varias intentonas de crearlo, pero no se nos da, parece que nos cuesta mucho trabajo organizarnos, y seguimos como deditos cada uno por su lado, pero más juntos y apretados se podría tener el puño que hace falta alzar para que el gobierno vea que la aviación privada existe, es importante y merece más atención.

No sé nada de política, pero los tiempos parecen apropiados, en unos meses tendremos un nuevo gobierno y sería deseable que desde el principio existiera una voz clara y firme a favor de la aviación general.
He aquí una gran oportunidad para CANAERO, FEMPPA o para quién quiera, incluyente, con seriedad y calidad moral, revivir el espíritu de la ATAAERMAC.

 

Saludos

 

Héctor Dávila

Editorial

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