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El 2017 se nos fue dejándonos una excelente noticia: fue el año más seguro en la historia de la aviación comercial.

Así es, gracias a los esfuerzos de nuestra pujante industria, con la participación de actores tan importantes como la OACI y la IATA, se logró reducir el número de accidentes aéreos con respecto al año 2016 en más del 35% y, más importante, la reducción en número de fatalidades por accidentes de aerolíneas fue por encima del 70%, y eso que hay que tomar en cuenta que la aviación mundial experimentó un crecimiento en el año cercano al 5%.

Es impresionante que con el crecimiento sostenido de esta industria, desde 1979 la aviación comercial mantenga una clara y constante tendencia a la baja en materia de accidentes, lo que es el más importante medidor del éxito de la aviación, cuya esencia es hacer de cualquier forma de vuelo una actividad segura.

La aviación civil mexicana ha contribuido de manera importante, siendo una de las más seguras del mundo, y acorde a esta tendencia ni un solo pasajero de aerolíneas falleció en México a consecuencia de accidentes durante 2017.

De hecho la aviación general mexicana, que es una de las que mayor crecimiento está experimentando a nivel mundial, también manifiesta una clara tendencia a la baja en accidentes, la cual si bien es sutil de año en año, se aprecia claramente la mejoría al observar un periodo de cuatro años, entre 2014 y 2017, en que la reducción de todo tipo de accidentes ha sido de un 13.4%.

Desglosando un poco, podemos ver que los monomotores de pistón en en dicho periodo sufrieron 32% menos accidentes, los bimotores 50% menos siniestros y los jets ejecutivos mexicanos sobresalen con una reducción del 60% en sus accidentes y lo mas relevante, la tendencia en la disminución de fatalidades por accidente aéreo en el país desde el 2014 a la fecha muestra un descenso del 12%.

Las aerolíneas comerciales, por supuesto, son las que destacan, con un récord estupendo, habiendo tenido sólo incidentes menores sin consecuencias para los pasajeros ni daños considerables.

Por supuesto no todo es color de rosa y existen áreas que se deben atender, como los aviones agrícolas que mantienen un promedio estable de accidentes, con unos 10 al año, al igual que los helicópteros, lo cual, tomando en cuenta el notable aumento de este tipo de operaciones en México durante los últimos años, no es tan malo, pero si una importante oportunidad para mejorar y hacer la diferencia. Igual es el caso de las aeronaves de carga, que mantienen un promedio de un par de accidentes por año.

Quizá el segmento que requiera "apretar más las tuercas" sea el de las escuelas de aviación, que en los últimos meses de 2017 alcanzaron el mismo número de accidentes del 2014, lo que anula la tendencia a la baja que llevaban en agosto y por lo que han recibido una notable cobertura mediática. En estos accidentes, entre los que desafortunadamente hubo fatalidades que lamentar, los factores humanos parecen haber sido la norma, y aunque se contrapone como paliativo que este tipo de operaciones, debido a la gran demanda de pilotos, van en claramente en aumento, las autoridades junto con las escuelas tienen que esforzarse mucho para encontrar métodos que nos permitan volver a ver una tendencia a la baja en los accidentes de aviones de instrucción.

Los retos están ahí, y 365 oportunidades para vencerlos. Y por supuesto el sincero deseo que este 2018 traiga mayor prosperidad y éxito a los hombres y mujeres profesionales que forman la gran familia de la aviación, los que confío que están preparados y consientes de la gran responsabilidad de hacer que el vuelo siga siendo el medio de transporte más seguro del mundo, en éste y todos los años venideros

¡Feliz año nuevo!

Héctor Dávila.

Edito

 

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