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Así es, sacudió a la industria el anuncio de que la súper Embraer y la mega Boeing no sólo se coquetean desde hace tiempo, si no que quieren algo serio. Hasta quieren tener sus "embraerboeingcitos".

La difusión de este romance elevó el precio de las acciones de la brasileña en las Bolsas más de un 20% y conmocionó al mundo de los negocios, más allá del puro ámbito aeronáutico.

Pero el "papá" de la novia, el presidente del Brasil, Michel Temer,  es muy chapado a la antigua y advirtió enérgicamente que de ninguna manera permitirá que el gobierno brasileño pierda la tutela de la bella Embraer, y que si Boeing quiere, a lo mucho, le acepta una inversión en la empresa sin perder el derecho de veto y la mayoría accionaria. Posición que los sindicatos brasileños secundaron horrorizados por las pretensiones de la empresa norteamericana, aunque los asesores del Presidente buscan la forma de poder formalizar la relación.

Boeing, que no sabemos si de verdad siente amor por Embraer o la quiere por puro despecho tras la asociación de Airbus y Bombardier hace un par de meses, no para de hacer rabietas por el éxito de sus rivales y si bien el camino hacia una fusión  con la brillante empresa sudamericana se ve sinuoso y escarpado, de momento se saborea la victoria legal que ha castigado al CSeries con un arancel brutal en los Estados Unidos.

La importancia de la industria aeronáutica es estandarte de prestigio para las naciones, incluso México, cuya participación en esta contienda es casi exclusivamente como maquilador, se vanagloria del enorme crecimiento de su industria aeroespacial y por ende los asuntos de la misma son de injerencia del Estado.

La contienda de los estadounidenses por impedir a toda costa que una Bombardier casada con Airbus campee en el mercado tiene ya consecuencias graves, pues de entrada Canadá prefirió comprar aviones de combate de los que sea antes que a Boeing, y seguro veremos también este tipo de políticas por parte de países europeos, mientras que el gobierno de Trump siga poniendo el pie a las importaciones en materia aeronáutica.

Pese a la aparente conveniencia de formar parte de la familia Boeing, sería muy penoso que Brasil perdiera el control de ese orgullo nacional que es Embraer, y que francamente no veo que necesite mucho unirse a la corporación norteamericana.

Sin embargo las fusiones son inevitables, son la evolución natural de los mercados, Airbus se ha engullido casi todas las empresas europeas constructoras de aeronaves y ya tiene un pie en América con su asociación con Bombardier. Por su parte Boeing se ha comido a muchas grandes firmas, como McDonnell Douglas y North American, para consolidar su poder.

Esta será la tendencia mundial que nos llevará a ver eventualmente a dos grandes jugadores disputarse todo el mercado de aviones del mundo, sin un tercer rival que siquiera figure, como Coca Cola y Pepsi se disputan el mercado mundial de las gaseosas. No me sorprendería que Boeing en un futuro adquiera Textron y se fusione con Lockheed-Martin o Northrop-Grumman, todas ya producto de múltiples fusiones previas; o que Airbus se las arregle para quedarse con Leonardo, Pilatus, Sukhoi o con la industria aeroespacial china y crecer para seguir siendo de la rodada de su rival americano. Serán pues, como dos rechonchos luchadores de sumo empujándose sin ceder ni por un pequeño palmo de de terreno.

Aunque no tengo un oráculo ni pitonisas que me lo lean, puedo vaticinar que en el futuro esto es lo que pasará y las dos grandes dominarán el mundo de la aviación, es más, creo que de facto ya lo hacen...

Pero por el momento lo que sí deseo que se fusionen de inmediato, son miles de bendiciones y alegrías para todos mis estimados lectores en esta Navidad. ¡Muchas Felicidades!


Saludos


Héctor Dávila

embraer

 

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