Con la Navidad a la vuelta de la esquina y el año nuevo a la otra, la comunidad aeronáutica comienza, copa en alto, a elaborar sus deseos y predicciones para 2018, que en general se vislumbra como un gran año, en el que pese a que se prevé que aumente el costo de la turbosina, las aerolíneas del mundo percibirán un aumento en sus utilidades, lo que en un negocio tan marginal, donde el porcentaje de ganancia rara vez supera el 4 % de la facturación, es una muy buena noticia; aunque por otro lado el crecimiento seguirá agravando el problema de la escasez de pilotos.

En México, que disfruta de un crecimiento de su transporte aéreo superior a la media mundial, el problema de la falta de pilotos se hará notar más, sobre todo con la inestabilidad que sufren los sindicatos y la alta tasa de incidentes que se están presentando por la obvia inmadurez y falta de experiencia de muchas tripulaciones, que igual intentan (o logran) aterrizar en aeropuertos equivocados, que cortan por pura guasa en pleno vuelo motores y sistemas hidráulicos, o simplemente deciden hacer paros laborales y afectar a miles de pasajeros sin respetar los debidos procesos para que éstos sean legales y legítimos. Los fabricantes de aeronaves como Airbus y Embraer están muy preocupados por esto y se están rompiendo la cabeza para encontrar una fórmula que permita que los nuevos pilotos, que ya están siendo reclutados a destajo por las aerolíneas, puedan ser seguros pese a su falta de experiencia.

En este contexto la autoridad aeronáutica jugará un papel vital, pero su muy esperada elevación a nivel de Agencia Federal de Aeronáutica la tendremos de nuevo que poner en nuestra cartita a Santa Claus, y aunque como "el lobo", que dicen a cada rato que ahí viene, que ahora si para día de Reyes, o que a más tardar para el día del amor y la amistad, es algo que tarde o temprano tendrá que pasar y cuando pase sin duda será algo muy bueno...

Pero el tema principal este 2018 en la aviación mexicana no será ni sobre los jugadores ni sobre los árbitros, si no sobre la "cancha". Me refiero al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), sobre el que están haciendo "fuercitas" las voces que señalan que no podrá terminarse en tiempo y forma contra las que dicen que va de acuerdo a lo previsto.

Este megaproyecto, necesario y urgente, está vapuleado por verdaderas pesadillas técnicas y económicas que seguro no dejan dormir tranquilos a sus responsables, pues las más de 5 mil hectáreas donde se edifica sufren de una problemática de suelos blandos y fangosos que requiere de un descomunal acarreo de materiales, para lo que era imprescindible la apertura de un tren temporal de carga, que tenía una fecha original de entrega para septiembre del 2016. La demora ha obligado a transportar toneladas de insumos con camiones, que según cálculos de gente directamente involucrada en el proyecto, arrojan la imposibilidad de terminar a tiempo. A esto se suma la rebeldía de los mantos friáticos que los ingenieros luchan por domar, y si bien hay soluciones tecnológicas que pueden lograrlo, sería a un costo muy por encima de lo proyectado.

Por si fuera poco, varias de las empresas contratadas para este proyecto experimentan diversos problemas legales, como es el caso de Empresas ICA SAB, contratista clave y que está en pleno proceso de concurso mercantil y cuyo coordinador del proyecto demandó a los operadores del aeropuerto.

Los expertos discuten a diario el verdadero alcance del problema, unos, como  Rafael Hernández, presidente de la Comisión de Seguimiento del NAICM de la Cámara de Diputados, dicen que el retraso es de hasta tres años, mientras que el encargado del proyecto, Federico Patiño, ha aceptado con optimismo tan solo un contratiempo de un mes.

Tener una opinión certera es muy difícil. A mí, personas involucradas muy de cerca en el proyecto, me han confiado que piensan que definitivamente no podrá completarse a tiempo, y mucho menos dentro del presupuesto...

Pero en 2018 el tema del NAICM revestirá de una mayor relevancia mediática y social, pues será uno de los principales estandartes políticos en lo que se vislumbra como un álgido año electoral.

Al ser el proyecto de infraestructura más importante de este sexenio, donde además los grandes proyectos de infraestructura en lo general han fracasado, quien quiera que sea el próximo Presidente de México no podrá darse el lujo de ignorar la exigencia de revisar a detalle lo que ha estado pasando detrás de esta descomunal y estratégica obra.

En caso de que el partido en el Poder pierda, las cosas podrían ponerse verdaderamente muy calientes, pues todos sabemos que "Andy Many" ya dijo que, además de vender el avión presidencial, cancelaría el proyecto y establecería el aeropuerto en la Base Aérea Militar de Santa Lucía. Incluso la precandidata al gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, declaró apenas ayer: "¿Ustedes están de acuerdo en que se lleve el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México al Estado de México? ¿Saben lo que significaría en pérdidas de ingresos de la Ciudad, cuando además hay opciones para no cerrar el Aeropuerto Internacional?".

Sin embargo, ya se ha demostrado, y eventualmente se volverá a demostrar, que no es viable construir el nuevo aeropuerto en otro lugar distinto a donde se está haciendo y que su cancelación también representaría un descalabro financiero para el país, dados los créditos y contratos que la Secretaria de Comunicaciones y Transportes ha suscrito apresuradamente y precisamente para hacer al proyecto a prueba de cancelaciones.

Pero creo que sin lugar a dudas el cambio de gobierno significará un proceso de revisión y re acomodos que se traducirán en una demora adicional en la puesta en operación del NAICM de no menos de un año.

Así las cosas, creo que el 2018 traerá uno de los más grandes retos de la historia para la aviación comercial mexicana, pues sus líderes tendrán que ser muy objetivos y cautelosos con las promesas de los políticos y funcionarios, para trazar estrategias adecuadas al problema de infraestructura aeroportuaria que se prometió estaría resuelto para el 2020 y que de no ser, como hay vastas evidencias para suponerlo, será un obstáculo catalizador de una grave desaceleración del crecimiento de la aviación mexicana, algo que por supuesto nadie queremos.

Saludos

Héctor Dávila

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