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Ha pasado más de una semana de la desaparición de los pilotos Hugo Alfredo Acuña Ortiz y Jesus Fernando Rivera García, quienes volaban un Cessna 152 de la Escuela de Aviación México en las cercanías de Acapulco. Pese a los múltiples esfuerzos no se ha podido localizar el pequeño avión ni a sus tripulantes. Los jóvenes aviadores salieron de Zihuatanejo el viernes primero de septiembre después de la seis de la tarde cuando imperaban en todo el país, y en especial en la costa del el Pacífico, muy malas condiciones meteorológicas. Se reportaron en la radial 310 con 2,500 pies de altitud a poco más de 30 millas de distancia de Acapulco alrededor de las 19:45 horas, inmersos ya en una situación donde una aeronave de este tamaño y en plan de vuelo visual es sumamente vulnerable, por lo que se declararon en emergencia. La torre de control les autorizó un rumbo al sur a fin de alejarse de lo escarpado del terreno alto y buscar seguir la línea de costa. Fue cuando se perdió todo contacto.

La búsqueda de la aeronave por aire, mar y tierra con recursos estatales, federales y privados se ha desarrollado sin desechar ninguna hipótesis, por la sierra de Atoyac y en particular en inmediaciones de la Barra de Coyuca de Benítez (donde al parecer se captó la señal de un ELT activado), con apoyo de buzos de la Armada especializados en rescate, mientras que por aire al menos seis aeronaves han participado en la búsqueda, pero lamentablemente sin resultados y se teme que hayan caído al mar o en alguna laguna profunda...

La angustia de los familiares y compañeros de estos pilotos es inimaginable y me solidarizo de todo corazón con ellos, especialmente cuando la autoridad aeronáutica, en función de su protocolo para estos casos, está a punto de dar por suspendida la búsqueda, aunque la Armada, el gobierno del Estado de Guerrero y la propia Escuela afirman que continuarán con las labores para encontrarlos.

Esta tragedia ha producido una avalancha de comentarios y opiniones en diversos medios de comunicación y redes sociales, sobre todo con cuestionamientos y acusaciones sin bases sólidas sobre la seguridad de las escuelas de aviación, en particular me llaman la atención las declaraciones de que han aumentado alarmantemente los accidentes de este tipo, lo cual está muy lejos de ser cierto...

En los últimos cuatro años hemos experimentado en México un enorme crecimiento en las horas de vuelo de escuelas de aviación civil, producto de la demanda de pilotos generada por el extraordinario crecimiento de las aerolíneas, mientras que la proporción de accidentes de aviones de instrucción han disminuido notablemente.

En el año 2014 se registraron en nuestro país 9 accidentes de aviones de escuelas, que representaron el 13.3% de todos los accidentes de aeronaves civiles, mientras que para el 2015, en que las horas voladas por las escuelas aumentaron aproximadamente un 10%, ocurrieron 8 accidentes, los cuales significaron 10.5% de todos los accidentes, lográndose una reducción del 20% en los accidentes de escuelas en relación a cada cien mil horas voladas, o del 11% en función al total de accidentes.

En 2016 se sufrieron 5 accidentes, lo que implica una reducción muy importante si consideramos que las escuelas crecieron casi 15%, es decir, ¡los accidentes por cada cien mil horas se redujeron un espectacular 55% con respecto al año 2015! Mientras que en términos totales el número de aeronaves accidentadas bajó 37.5%

Para 2017 la tendencia se mantiene y aunque se han sufrido 6 accidentes (uno más que el año pasado) las horas de vuelo de instrucción han crecido un 15% con respecto al año previo, por lo que al momento estadísticamente no hay aumento alguno del índice de accidentes de escuelas de aviación con respecto al 2016. Cabe mencionar que en la estadística no estamos considerando un avión escuela que por descuido de frenos golpeó a otro en la plataforma en Monterrey, pues para este caso nos interesa estudiar solo los índices de accidentes en vuelo, incluyendo maniobras de despegue y aterrizaje, ni tampoco helicópteros de escuela que se accidentaron en actividades diferentes, como fumigación.

En términos de desgracias personales es obvio que la pérdida de vidas es un factor de alto impacto, sin embargo en México la proporción de fatalidades en vuelos de instrucción también han disminuido notablemente. En 2015 se sufrieron tres accidentes fatales en los que lamentablemente murieron 5 tripulantes, los que representaron 2.7 accidentes fatales en aviones escuela por cada 100 mil horas de vuelo, los que se redujeron a un solo accidente con dos fallecimientos para 2016, o sea 0.8 accidentes fatales por cada 100 mil horas (70% de reducción) y para este año, con todo y la reciente tragedia de Acapulco, los accidentes fatales de escuela han bajado a un estimado de 0.67 por cada 100 mil horas de vuelo (16.2% de disminución con respecto al año pasado).

Así las cosas, podemos concluir sin lugar a dudas que las escuelas de aviación, en lo general, están haciendo cada vez mejor su trabajo y la seguridad en sus operaciones aéreas ha mejorado notablemente en los últimos 4 años, pese a la percepción mediática negativa.

Sin embargo no cantemos victoria, ya que estas cifras aún dejan qué desear pues si nos comparamos con Estados Unidos, donde el último año los accidentes fatales de aviones de instrucción se estiman en 0.57 por cada 100 mil horas, estamos 17.5% por encima de ellos en los que se refiere a la posibilidad sufrir fatalidades durante accidentes de instrucción y en general las escuelas de aviación mexicanas tienen una tendencia a sufrir un 20% más de accidentes que sus colegas norteamericanas. Quizá algunos de los factores que inciden en este hecho podrían ser las diferencias en la orografía entre ambos países y la superior infraestructura para aviación general que tiene el vecino del norte, donde existen pistas en abundancia para bajar en caso de emergencia.

Por supuesto también me han llamado la atención los comentarios y ataques contra la Escuela de Aviación México, a la que sus detractores acusan de tener muchos más accidentes que el resto de las escuelas. Naturalmente es muy importante analizar el desempeño de cada operador en particular, pero en este caso no encuentro discrepancias con lo razonable en función de el número de operaciones.

Conozco bien la Escuela involucrada en la tragedia de Acapulco, es la más grande del país, opera una flota de 65 aeronaves de instrucción, 20 de ellas tan solo en su base de Acapulco, es decir, es de 4 a 5 veces más grande que sus más cercanos competidores, realiza más de 35,000 horas de vuelo anualmente y se encarga de preparar a poco más de un tercio de todos los pilotos civiles que estudian en México, pues de sus aulas se están graduando unos 150 pilotos por año y sus egresados tienen el más alto índice de ingreso a las aerolíneas.

Si bien es cierto que esta escuela ha tenido este último año mayor número de accidentes, estos no están en desproporción con sus horas de vuelo y crecimiento, como dato extra la flota de la a Escuela de Aviación México se ha más que triplicado en menos de 10 años, un crecimiento muy superior al de cualquier otra escuela de aviación. Por tanto, de los 28 accidentes que han sufrido en vuelo las escuelas de aviación nacionales en los últimos 4 años, la Escuela de Aviación México, por su porcentaje de participación del mercado, estadísticamente debería haber sido responsable de 35% de ellos, pero sus aeronaves están involucradas solamente en 25% de los accidentes. En cuanto a fatalidades, esta escuela ha estado involucrada en 20% de los accidentes fatales, también por debajo de lo que debería representar dada su cuota de mercado.

Con esto no quiero decir que ésta, y otras escuelas, no deban ser rigurosamente inspeccionadas por las autoridades y se implementen programas y protocolos para seguir mejorando la seguridad aérea, creo firmemente que la aviación moderna no debe ser inherentemente peligrosa.

También en las redes se ha externado preocupación por la juventud del instructor de vuelo desaparecido. Si bien he señalado antes el problema que enfrenta la industria por la falta de "madurez" en las tripulaciones jóvenes, el cual puede generar ciertos riesgos, también he dicho que los jóvenes son sumamente capaces de dominar con maestría las técnicas de vuelo, y si este problema de "pilotos inmaduros" existe, creo que debería preocuparnos más a nivel de los cientos de jóvenes de ese mismo rango de edad y experiencia que están volando Airbuses llenos de pasajeros en las aerolíneas, y no tanto los que vuelan monomotores de instrucción primaria.

Lamentablemente no podemos ahondar más en este problema y llegar a conclusiones y recomendaciones más sólidas debido a que no existen ni la información ni las herramientas necesarias. De los 205 accidentes aéreos que han ocurrido en México desde enero de 2014 hasta finalizado el primer trimestre de este año, solo se han emitido dictámenes con las causas probables de tres de ellos, mientras que el 98.5 % siguen "en proceso de dictamen".

Sin información más completa, detallada y expedita sobre las causas de los accidentes no podemos entender del todo el fenómeno de la seguridad aérea ni atacar correctamente el problema, ni mucho menos desterrar o comprobar el mito del "error humano" como principal enemigo de la aviación. Por este motivo, y como señalé en mi editorial anterior, subrayo nuevamente la urgencia de contar en México con una Autoridad Aeronáutica Independiente y en este tema en particular, con una Agencia Investigadora de Accidentes fuerte, autónoma y con credibilidad.

Termino esta reflexión expresando nuevamente mi pesar por la tragedia del Cessna XB-MZN, compartiendo el eslogan de una de las mejores instituciones de capacitación aeronáutica del mundo: "el mejor dispositivo de seguridad en cualquier aeronave, es una tripulación bien entrenada".


Saludos

Héctor Dávila

 

EDIT

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