La exigencia de COPARMEX (la Confederación Patronal de la República Mexicana) de que las licitaciones y proyectos para la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM) sean transparentes y libres de corrupción, van más allá de simple retórica empresarial, pues la sociedad tiene lleno el vaso del hartazgo por tantas fallas en el liderazgo del sector Comunicaciones y Transportes a nivel federal.

 Al tiempo que se definieron las obras (y contratos) para las 17 vialidades que darán conexión a la nueva terminal, autoridades del NAICM han declarado que no cancelarán contratos a las empresas involucradas en el trágico "escándalo del socavón", en resumen por que se trata de empresas técnicamente capaces que ganaron "limpiamente" una licitación pública, lo que implicaría dificultades legales para hacerlo.      

 Esto pese a que el Presidente de la Comisión de Seguimiento del NAICM de la Cámara de Diputados ha exigido cancelar los contratos a las empresas en cuestión y fiscalizar más a fondo las licitaciones.

 Es entendible que implique complicaciones legales cancelar un contrato, pero ¿Acaso no vale la pena encontrar la forma de hacerlo para responder cabalmente a un reclamo social tan fuerte? ¿No sería benéfico para mejorar la pobre imagen de la SCT y transparentar las cosas? ¿En serio no importan ni la honestidad ni la opinión pública? ¿Es tanto el cinismo de los funcionarios que no temen que se derrame la gota?

 El NAICM, que se construye en un área de más de 4,430 hectáreas, es el proyecto de infraestructura más grande del país, y lamentablemente está en el ojo del huracán por la forma en que se está ejecutando. Más allá del vínculo mediático con las empresas responsables del fallido Paso a Express de Cuernavaca, existen pruebas de sobra para dudar de la transparencia con la que se está desarrollando el NAICM, pues abundan los contratos por asignación o adjudicación directa; tan solo en 2015 de los 84 contratos otorgados, valuados en más de 5,425 millones de pesos, 50 fueron por asignación directa y 18 por "invitación a tres personas", siendo sólo 16 por licitación pública, todo esto de acuerdo con auditorías de la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

 En el NAICM se gasta en gran medida sin mediar concursos y licitaciones, en las poco claras asignaciones directas, en rubros como asesorías y publicidad.

 Por si fuera poco, la ASF detectó irregularidades y omisiones en las contrataciones, retrasos en las obras, duplicidad de contratos y pagos por obras no realizadas. Una de las irregularidades encontradas es no exigir en el contrato la entrega de la Torre de Control a tiempo, justamente a la misma empresa que falló en el Paso Express.

 2017 es para efectos del NAICM el "año de Hidalgo", pues se asignarán contratos por más del 80% del valor del proyecto, es decir en total, la friolera de 180 mil millones de pesos.

 El nuevo aeropuerto es imprescindible, pero a la luz de los hechos es una tristeza que no tengamos la certeza de que se hará con la calidad y costos correctos...

 

Saludos

Héctor Dávila C.

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