Hoy da inicio la edición número 52 del famosísimo y prestigioso Salón Internacional del Aire y del Espacio en Le Bourget, Francia, conocido coloquialmente como el París Air Show, en el que participan más de 2,300 expositores y al que se espera asistan más de 100 mil visitantes de negocios.

 Este es sin duda alguna el evento aeronáutico más importante del mundo y en él, como desde hace algunos años, Proméxico participa con un pabellón que pretende promover la industria aeronáutica mexicana.

 Esta participación del gobierno en tan importante evento nos obliga a una reflexión, derivada de la sorpresa que aún nos causan, por un lado la falta de una política clara de Estado en materia de aviación en México, pese a proyectos tan inmensos como el desarrollo del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, y por otro el derroche de instituciones como Proméxico en constantes y muy vistosos viajes por el mundo presumiendo el ser artífices del surgimiento de la industria aeronáutica nacional.

 Proméxico es un fideicomiso de la Secretaría de a Economía, creado hace 10 años, que se jacta de haber ayudado a establecerse en México a más de 170 empresas aeronáuticas, labor por cierto plausible, pero lo que preocupa y se critica, es el tipo de beneficios que el país recibe en proporción al tremendo costo de la promoción mundial que se realiza.

 Con bombos y platinos se anuncia que México, con la fabulosa ayuda de Proméxico, exporta ya anualmente más de 6,000 millones de dólares en partes aeroespaciales, aunque no se dice que los insumos que importamos en este rubro superan decenas de veces éste monto, pues se importa prácticamente todo lo que se usa en aviación. Claro, podrían decirme que por algo se empieza, pero el meollo del asunto es que los esfuerzos del gobierno (de existir tales) son bastante obtusos, haciendo del país básicamente un ente maquilador; y no se aclara que ser maquilador no es lo mismo que tener industria aeroespacial.

 Tener una industria que hace partes indistintamente para refrigeradores, automóviles o para aviones originarios de otros países es tener sin duda una industria capaz, con calidad y competitiva, pero se trata sin duda de una industria maquiladora, o "manufacturera" como dicen algunos funcionarios de Proméxico.

 De forma natural la inercia de la industria aeroespacial mundial, ante el descubrimiento de México como un excelente y rentable maquilador, ha generado en el país un impresionante crecimiento en este sector hasta del 17% anual del que se ufana el gobierno. Pero la verdad es, que se fabrican los componentes aeroespaciales en nuestro país en gran medida porque somos baratos, y eso no puede considerarse un éxito de las políticas (y derroches) del Estado. Sobre todo cuando este fabuloso crecimiento de la maquila de componentes aeronáuticos despegó hace 20 años, una década antes del establecimiento de Proméxico.

 Lo que necesitamos es una verdadera industria aeroespacial, ingeniosa y competitiva, donde se generen empleos bien remunerados, es decir, de clase mundial, donde técnicos, especialistas e ingenieros ganen como sus pares a nivel internacional y donde las tecnologías, patentes e innovaciones no pertenezcan a la industria aeronáutica extranjera.

 El costo de manufactura aeroespacial en México es entre 12.8 y 15% más bajo que en Estados Unidos, Alemania o Japón. No somos pues, por causa del talento del gobierno mexicano el segundo proveedor de componentes aeroespaciales de Estados Unidos, si no por la combinación de una óptima ubicación geográfica, el talento de la iniciativa privada, la calidad de nuestros técnicos y especialmente por los bajos costos de la mano de obra.

 Pero... ¿Es posible una industria aeroespacial verdadera en un país como México? ¡Claro que si!  Si no véase el caso de Brasil, un país que es nada menos que el tercer fabricante de aviones comerciales del mundo y líder en el sector de jets ejecutivos; aviones totalmente diseñados, desarrollados, fabricados y comercializados por ellos...

 La mano de obra y el ingenio de los mexicanos son de mucha calidad, no deben venderse barato, eso no genera la verdadera riqueza, por lo menos no el tipo de riqueza que nos dé mejor calidad de vida, pero para eso necesitamos que los que intentan promover el desarrollo de esta industria, desde la comodidad de un puesto público, tengan verdadera visión...

 

 

Saludos

Héctor Dávila C.

 

 

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La revista América Vuela nació en agosto de 1992, como una publicación especializada dirigida al sector profesional de la industria aeronáutica latinoamericana, fue la primera en su formato, totalmente escrita y editada en Latinoamérica.

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