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Uno de los capítulos más brillantes en las construcciones aeronáuticas mexicanas lo protagonizó el constructor de aviones más importante de México, el Ing. Ángel Lascuráin y Osio.

Egresado de la Escuela Nacional de Ingenieros en 1909, fue contratado en en 1918 en los Talleres Nacionales de Construcciones Aeronáuticas (TNCA), donde colaboró con Francisco Santarini. Dos años más tarde fue nombrado Jefe de los TNCA, durante este período el Ing. Lascuráin destacó al diseñar y fabricar los aviones Serie B, Serie E, Sonora, México y Avro – Anahuac. Bajo su dirección los TNCA tuvieron un gran desarrollo y crecimiento.

Después trabajó en la fábrica Juan F. Azcárate, en donde se construyeron los aviones Corsarios – Azcárate. Más tarde de forma independiente diseñó y construyó los bimortores Sport, Celia y Aura, donde demostró una gran visión al adelantarse a su época con el desarrollo de bimotores ligeros de turismo y un bimotor regional de pasajeros, conceptos en en los años 50 todavía no se habían acuñado.

En esta serie de artículos se abarcará la etapa en el legado del Ing. Ángel Lascuráin en la que se independiza y diseña los bimotores Sport, Celia y Aura, un punto neurálgico en la historia de las construcciones aeronáuticas mexicanas, que de haberse presentado el destino ligeramente distinto bien pudiera haber sido el resurgimiento de una industria aeroespacial en el país.

Una vez supervisada la construcción de los aviones Azcárate para la Escuela Militar de Aviación, en 1930, Angel Lascuráin se alejó de las actividades aeronáuticas por un tiempo, dedicado otros negocios, pero siempre soñaba con un avión muy especial y continuó preparando un diseño revolucionario donde se lograra la máxima eficiencia aerodinámica, haciendo que el fuselaje del avión fuera parte del grupo sustentador en vez de una carga parásita como en la mayoría de los aviones. El aparato sería el primer bimotor hecho en México y apto para ser productivo como avión comercial en las condiciones que prevalecían en Latinoamérica: pistas cortas y mal preparadas, grandes elevaciones del terreno y escaso apoyo terrestre.

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Angel Lascuráin y Osio junto al famoso piloto Agustín Gutiérrez Peláez.

 

El ingeniero Lascuráin se asoció con su viejo amigo el general Gustavo Salinas y consiguieron el apoyo del famoso aviador Francisco Sarabia, quien co-financiaría el proyecto, aportando en un principio los motores Continental de 65 hp que potenciarían al bimotor Lascuráin-Salinas.

El bellísimo y limpio bimotor, conocido por algunos como el “Sport”, fue construido totalmente de madera con un recubrimiento especial de gran tersura, que se parecía mucho a los materiales plásticos actuales, con un acabado verde metálico muy claro; el aparato contaba con una gran superficie alar, tren de aterrizaje fijo de triciclo y acomodo para cuatro ocupantes en dos cabinas separadas. El pequeño bimotor se remontó al fin por los aires en 1939, a los mandos de otro legendario piloto mexicano, Agustín Gutiérrez Peláez “El Gato”, con un sorprendente desempeño para un aparato cuatriplaza de sólo 130 hp: 210 Km/h de velocidad máxima y 19,500 pies de techo de servicio. El bimotor Lascuráin-Salinas tuvo un costo de 18,002.78 pesos de 1939,incluyendo instrumentos de segunda mano por $153.40 y hélices usadas de $60, a lo que se sumaron $3,599.50 de gastos posteriores; Sarabia había aportado $8,925, Lascuráin $9,403.88 y Salinas $3,273.40. Desafortunadamente, Sarabia murió durante el regreso de su histórico vuelo a Nueva York y se perdió el apoyo de este gran hombre que planeaba dar muy buen uso al bimotor Lascuráin - Salinas.

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Para 1939, el bimotor Lascuráin disfrutaba de una línea sumamente aerodinámica. Este fue el primer bimotor diseñado y construído en Latinoamérica, conocido como el “ Sport ” .

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El elegante Lascuráin “Sport”, en vuelo.

 

El 5 de mayo de 1940 el Lascuráin-Salinas, con la matrícula provisional XB-1 y a los mandos de Eliseo Martín del Campo, fue presentado en Puebla,Pue. Este mismo piloto realizó 32 diferentes vuelos de duración probando las cualidades del diseño, calificando al aparato como carente de vicios, de extraordinaria visibilidad y asombroso desempeño aun con un solo motor trabajando, solamente señaló el defecto de que no hubiera comunicación directa entre la cabina de pilotos y la de pasajeros .

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Agustín Gutiérrez “El Gato” Peláez, piloto de pruebas del Lascuráin bimotor “Sport”.

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El bimotor antes de su primer vuelo, en el aeropuerto de la Ciudad de México, en 1939.

 

Este célebre aeroplano recibió la matrícula civil XA-BLS el 14 de noviembre de 1941 y fue vendido a una compañía chiclera por $23,925, siendo destinado a trabajar principalmente en el estado de Yucatán, hasta accidentarse durante un aterrizaje en Chetumal, Quintana Roo, donde quedó abandonado hasta su gradual destrucción. El éxito de este aeroplano atrajo a un cliente para el que Lascuráin construyó otro aparato, incorporando una cabina mejorada sin la separación entre tripulación y pasajeros, que recibió el nombre de “Celia”, pero lamentablemente fue destruido en su primer vuelo en Puebla por su piloto, el capitán Talamantes, debido a un problema con el centro de gravedad.

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El segundo bimotor Lascuráin, conocido como “Celia”.

 

El general Salinas, por su cuenta, construyó otro bimotor basado totalmente en el diseño de Lascuráin, aunque un poco más grande y equipado con motores Menasco de cilindros invertidos. Este avión, aparentemente denominado “Salinas IV”, sirvió con la Fuerza Aérea Mexicana y fue probado por Radamés Gaxiola, veterano de la guerra del Pacífico con el Escuadrón 201. La última vez que se vio a este avión tan especial fue cuando sus restos eran desguasados en el Cuarto Escalón de Mantenimiento de la FAM, a finales de los años cuarenta.

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Basado en los diseños de Lascuráin, los TNCA construyeron este bimotor con motores Menasco, conocido como “Salinas IV”