El aeropuerto internacional de Toluca bien habría podido considerarse un elefante blanco, de no ser por el famoso Decreto Presidencial que obligó a salir del aeropuerto de la Ciudad de México a toda la aviación privada ante la saturación del espacio aéreo y dejar operar ahí sólo a las aerolíneas comerciales.

Con esto la más importante aviación ejecutiva y privada del mundo fuera de Estados Unidos se mudó al aeropuerto mexiquense, realizando millonarias inversiones y dándole vida y sentido con sus operaciones.

Así Toluca se convirtió en la capital de la aviación privada mexicana. Sin embargo, la forma en que se concesionó la administración de este aeropuerto se hizo para todo, menos para el beneficio de la aviación.

El monopolio otorgado por una parte a la empresa privada Operadora de Aviación General (OAG) para el usufructo de la zona de aviación ejecutiva la ha hecho la más cara del mundo, y no hay operador corporativo en Toluca que esté cómodo con los excesivos costos y condiciones de operar ahí, lo que ha impedido en buena medida el crecimiento y desarrollo de pequeños operadores.

El costo por metro del terreno, siempre en dólares, es muy por encima del de cualquier aeropuerto corporativo norteamericano y deben pagarse varios años por adelantado, sin que existan alternativas realmente viables en la región. Por otro lado, la zona de aviación comercial se dejó en manos de AMAIT, con participación del Estado, ASA y OHL, organización que lamentablemente se ha ido alejando más y más de su objetivo natural de servicio a la aviación y de funcionar como una genuina vía de comunicación. La incompetencia de su área de mercadotecnia ha llevado a que prácticamente no haya operaciones de aerolíneas en Toluca, ya que no han podido hacer realmente atractivo operar desde ahí y la terminal vive en la zozobra de cerrar año con año con grandes pérdidas, en contraste con las rechonchas ganancias de OAG.

En este tenor, ni una ni otra empresa se ha preocupado en apoyar e incentivar el desarrollo de la aviación, y se han convertido en un “sandwich” que ha aprisionado y ahogado a la aviación ligera, la base de la aviación, hasta el grado de casi exterminarla. Toluca nació como santuario de la aviación privada, a ésta se debe y es una tragedia que actualmente este aeropuerto lo dirijan personas totalmente ajenas a la industria aeronáutica, carentes de visión y mentalidad aérea y que obedecen a intereses de otra índole.

Solo los jets y turboprops corporativos pueden sobrevivir en este inhóspito ambiente, la aviación ligera a pistón esta desprotegida y hasta acosada. ¡Es increíble que en un aeropuerto los aviones no sean bienvenidos, solo por ser pequeños! Como muestra contaré una pequeña historia: en 1984 llegó a este aeropuerto un ícono de la aviación privada, el capitán Jorge Cornish, famoso deportista aéreo y activista de los pilotos privados, un orgullo nacional que ha puesto el nombre de México en alto con grandes hazañas aéreas saliendo desde Toluca, con vuelos deportivos hasta

Alaska, la Antártica chilena, Europa y en especial con la gran vuelta al mundo en monomotor que realizó en 1998.

En este aeropuerto Cornish formó el Club de Pilotos Privados “Felipe Salcedo” en 1991 y que llegó a tener 40 socios activos. Pero los aviones privados ligeros ya no son de interés para AMAIT, porque no son “ricos” y no son negocio al no poderles exprimir fuertes sumas de dinero, por eso con la actual administración se ha llegado a la casi extinción de este tipo de aviación, ya sólo quedan tres miembros activos del club. Incluso el legendario capitán Cornish ha tenido que abandonar Toluca, que por 32 años fue el hogar del “águila negra”.

a razón principal es que AMAIT le pretende cobrar más de 54,000 pesos mensuales, incluyendo agua e impuestos, por guardar su pequeño avión monomotor en un lugar que constatamos está en pobres condiciones y que carece de adecuados servicios y seguridad, ya que incluso ha sufrido varios robos, además de que el trato del personal que da acceso a la zona es desatento y hasta hostil para los pilotos y pasajeros de los pequeños aviones. Jorge Cornish nos comenta: “Jorge Murrieta, Ramón Pérez y yo acudimos a una junta con el director de AMAIT, el Lic. Héctor Espinosa, quien nos aseguró que no nos preocupáramos y que se cobraría lo justo, que subir las rentas más de la inflación estaba prohibido por la ley, sin embargo no cumplió y nadie quizo ayudarnos”.

Es increíble que en el Estado de México no tengan claro que su aeropuerto internacional no es un centro comercial, ni siquiera un negocio, que no sepan que se trata de una vía general de comunicación, de un reflejo del progreso de un Estado que debe proyectarse en beneficio de la sociedad.

Es una vergüenza que los pilotos privados tengan que migrar al ser discriminados imponiéndoles costos insensatos.

Cobrar lo justo sería incentivar una aviación mejor para todos, de todas maneras AMAIT pierde millones y lo que pudieran cobrar a los aviones ligeros no haría diferencia, pero la insensibilidad y desprecio hacia la base de la aviación y el apoyo urgente que requiere solo se puede explicar por una total ignorancia de lo que se trata la industria aérea. Dicen que el primer paso hacia la corrupción es que se nombre en un puesto a una persona que no está preparada para él.

El segundo es que esa persona lo acepte...

 

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